Relatos

Cuidar del hogar

Todo el día por delante y la casa por hacer.

Lo primero es lo primero, despertar al rey de la casa y darle el desayuno con tranquilidad, lejos de las carreras tempranas antes de salir para el trabajo. Mientras se toma el biberón, le recuerda con voz dulce cuánto le quieren papá y mamá, lo guapo que es y la de cosas fascinantes que le esperan cuando sea mayor. Pero tras este momento tan íntimo le toca quedarse jugando solo en el parquecito, que, recordemos, está la casa por hacer.

Con la radio encendida desde el móvil, empieza a limpiar y recoger la cocina, donde el olor a café ya ha desaparecido pero no las tazas sucias. Después se dirige a hacer el baño, que siempre le ha dado asco pero, como vio a su madre hacer cientos de veces, con unos buenos guantes, agilidad y menos tontería tampoco es para tanto.

Al rato se cansa de la tertulia sobre política y sucesos y cambia a una emisora musical para darle un poco de alegría a la mañana. La rutina de la limpieza diaria hace que ya ni se fije en los títulos de los libros de las estanterías del salón ni apenas en los objetos de decoración comprados en los viajes. Al principio sí se detenía a evocar recuerdos de la época universitaria cuando se aficionó a la lectura, las horas de trabajo para permitirse las escapadas y el pequeño universo que evocaba el corazón de la casa; pero hacía ya varios meses que había dejado de trabajar para criar al pequeñajo, cuidar la casa y construir familia, y se centra en zanjar el asunto lo antes y lo mejor posible.

La colada es su gran punto de aprendizaje, ha mejorado de manera formidable y disfruta oliendo la ropa recién salida de la lavadora. Y deja para el final la planta de arriba, las habitaciones, que ya estarían más que ventiladas y es bastante rápido de terminar.

Vámonos que nos vamos al parque a aprovechar el sol primaveral. Pese a que le encanta pasear y que le dé el aire al niño, no acaba de acostumbrarse a algunas miradas que le acechan. Muchos en el pueblo saben que ha aparcado su carrera profesional para dedicarse al cuidado del hogar, pero, ¿quiénes son los demás para darle lecciones de igualdad? Tiene claros sus motivos y trata de hacerse fuerte frente a aquel tiroteo de ojos silenciosos.

Es cierto, piensa, que no es normal que sea el hombre quien cuide de la casa y a un bebé, pero fue su decisión y está contento con ella. Es cierto, también, que a veces siente miedo. ¿Será fácil incorporarse al mercado laboral tras tantos meses en blanco? ¿Y si se divorciaba, serviría todo este sacrificio por la familia? O peor, ¿y si se quedaba viudo sin apenas ahorros ni un trabajo para cuidar a su tesoro? Le es difícil depender de su pareja, la inseguridad trepa por él en muchos momentos pero siempre se mantiene firme. Además, ella es tan brillante en lo profesional que sería imperdonable abandonarla al feroz estancamiento social que envuelve a tantas mujeres sobresalientes que, sin apoyo de empresas ni instituciones, retrasan, o quizá frenan para siempre, su éxito laboral.

No puede evitar que estos pensamientos le acompañen durante el resto del día hasta que un ruido metálico lo saca de sí. Se cierra la puerta cuando llega a la entrada con el niño en brazos para saludar a mamá, quien abre los brazos para ofrecerle todo el amor del que le priva durante tantas horas, durante tantos días. Y él sólo necesita ver a su mujer abrazando a su hijo para que la sonrisa desdibuje sus miedos y siga apostando por ser amo de casa.

 

Título: Cuidar del hogar

Autor: Abel Díaz Castaño

Relato presentado al concurso Historias por la igualdad convocado por Zenda.com.